Una de esas naves era de un tamaño sobrenatural en comparación a cualquier nave Eldar. Llena de pinchos y calaveras de varias razas distintas, sobrevoló la zona de despliegue de la escolta que aguardaba a Yriel. Según los informes de guerras pasadas, se trataba de un ejército atípico de Eldars Oscuros, hermanos de armas en tiempos revueltos, dispuestos a todo con tal de conseguir saciar su ansia de odio hacia los Eldars Astronave. De entre todas las unidades de Brujas que bajaron de los Incursores, destacaba una silueta humanoide en especial; una que era más álta, elegante y rápida que cualquiera de las guerreras a las que acompañaba. Se trataba de Lelith Hesperax, capaz de realizar movimientos sensuales y a la vez hipnotizantes.
Yriel estaba sin duda ante una de las misiones más extrañas a las que se había enfrentado jamás. Vencer a esa diosa del combate, o impedir que Lelith esclavizase a algún hermano suyo Eldar.





